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La sombra del ciprés es alargada (1990)
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Generalidades
Calificación:
Su Calificación:
Director:
Escritores:
Fecha de Estreno:
19 mayo 1990 (España)
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Género:
Drama
Comentarios de usuarios:
El amor tiene varias edades y formas
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(Descripción general del reparto)Más detalles
Duración:
100 min
País:
España | México
Idioma:
Español
Sonido:
Dolby Digital
Clasificación:
España:18
Locaciones:
Fuerte de San Juan de Oluz, Veracruz, MéxicoVer más »
Compañía:
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"Siempre supuse que la amistad entre hombres es una forma de amor", define un personaje (una mujer, claro) en la segunda parte de este filme suave como un amanecer en Ávila y tierno como los lengüetazos de un perro querido en la mejilla de alguien dispuesto a recordar. La historia está basada en una novela delicada y plena de sutilezas sobre las formas del amor escrita por Miguel Delibes, una novela que mereció el Premio Nadal en 1947. El director Luis Alcoriza (colaborador de buenos títulos de Luis Buñuel, entre ellos esa joya llamada "Los olvidados") la adaptó y escribió con una atención ponderable los diálogos nada fáciles de recrear de esta coproducción española mexicana. Alcoriza (1918, Extremadura, España- 1992, Cuernavaca, México) divide con claridad la historia en dos tiempos (como en la novela homónima) pero no acierta en ensamblar los dos tiempos de la historia, debilitando la continuidad de un relato pleno de matices que, como hilos invisibles, vinculan a los personajes de diversas edades. Lástima. Pero no implica que su filme no sea digno de apreciarse por sus méritos, su polémica visión y el planteo de los cambios que experimenta un ser humano (Pedro, en este caso) en distintas etapas de su vida. Él es un niño huérfano que cría un maestro autodidacto, republicano, católico estricto y dueño de un autoritarismo que se asemeja al paternal amo y señor de una provincia de otrora al borde de grandes cambios históricos. Al tiempo llega un segundo huésped, un chico de clase alta, Alfredo, a quien su madre viuda debe dejar interno porque inició una relación amorosa que la separa emocionalmente del pequeño, un lindo adolescente que padece de síntomas de tuberculosis que sólo percibe su compañero de cuarto, con quien comparte una ancha y cómoda cama, regalo de la progenitora culposa de abandonar a su hijo. Entre ambos surge una enorme amistad, basada en pequeñas complicidades (ver el amanecer desde un punto de ensueño, el descubrimiento del mar que hizo Alfredo y que promete hacerle conocer al provinciano Pedro, el regalo -significativo- de un barquito encerrado en una botella) y en silencios entrañables. El enfermo, dueño de un rencor inclaudicable hacia su padrastro y miedoso de los cipreses que bordean un cementerio,fallece casi en brazos de Pedro. El episodio ha pasado por los chismes siempre maliciosos de sus compañeros de clase que el maestro calumnia porque dice aborrecer las calumnias. Bruscamente el tiempo pasa y lo vemos a Alfredo convertido en capitán de un enorme barco de una importante firma naviera. Vive ensimismado descubriendo la amplitud del mar, los colores que el espejo de las agua ilumina su imagen con tonos cambiantes. Hasta que -lo lógico se impone- conoce a una turista norteamericana, volátil, enamoradiza, de clase alta y muy insegura en materia de sentimientos. De los 106 minutos de duración del filme, los dedicados a esta relación son los más débiles en todo sentido: una interpretación floja, un titubeo en a la hora de resolver las tomas y una dificultad para transmitir los cambiantes sentimientos que tiene un hombre atado a un pasado infantil, el de su Ávila donde fue el amigo del alma de Alfredo, "su capitán" de quien él sería "el piloto" cuando navegaran por los océanos no sin antes matar al padrastro que le robó el cariño de su madre. La música de Gregorio García Segura comparte esa indecisión de Alcoriza, y en el segundo tiempo acentúa un tono melodramático seguramente impuesto. La fotografía, en blanco y negro, de Hans Burman, en cambio no comparte esos titubeos de adaptación y permite mantener los vínculos entre ambos tiempos vividos por Pedro adolescente y Pedro-adulto. El amor es una palabra que puede significar varios estados de ánimos, nos dice Alcoriza captador de la pluma de Delibes, de quien no deja de marcar algunos trazos políticos indispensables para la comprensión de la historia y permitir ubicarnos en una época en la que rumbos difíciles se avecinan (Pedro no se ha desprendido de la enseñanza republicana de su maestro ni de la familia que lo cobijó con amor y honradez). Si el amor hacia una mujer le permite crecer, sanar huellas de su pasado (logra romper la botella con el barquito encerrado) y se anima hasta proponerle matrimonio con énfasis desconociendo diferencias de clases, la realidad -azar mediante- cambia los planes y el retorno a Ávila se impone. Allí Pedro tomará el lugar del fallecido maestro y abrazará al viejo perro que Alfredo y él adoraban a la sombra de un ciprés de sombra muy alargada