Segunda película del director español que significó la ruptura de su relación con el pintor Dalí, que fue financiada por un aristócrata liberal quien dio rienda suelta al ensueño imaginativo y que por momentos y para algunos- termina siendo hiriente, irrespetuoso y descalificador. Es verdaderamente aceptable que se quiera atacar a la burguesía, al conservadurismo cristiano y a las normas morales vigentes. Ahora bien, lo no tolerable es no hacerlo con altura y presentar un guión sin pies ni cabeza donde las situaciones espantan por su incoherencia. Una hora de delirio con estética surrealista, comenzando con una especie de documental sobre el comportamiento de los escorpiones, siguiendo con un subyacente estudio crítico social. Y en medio de tanto disparate, una relación pasional que promueve al escándalo por la irreverencia temática que irradia. Sin lugar a dudas que Buñuel buscó en todo momento una película provocadora al cuestionar los valores y principios establecidos en la sociedad occidental. Quizás de a ratos lo logre, pero en muchos pasajes la cinta aburre de tanto absurdo y el paso del tiempo le juega una muy mala pasada. A destacar sí dos aportes técnicos: la audaz relación lograda entre la imagen y el sonido que resultó verdaderamente innovadora y el tópico de la voz en off.
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